LA PARTICIPACIÓN SOCIAL

La participación social es un valor en sí misma, es una condición imprescindible para la transformación social y es una forma de legitimar la democracia. En el ámbito educativo podemos definir tres contextos: el contexto político de gobierno de los centros, el contexto académico y el contexto comunitario-extraescolar. El modelo de participación estudiantil busca que los estudiantes se involucren más en el proceso de su formación, que asuman responsabilidades y que aprendan a tomar decisiones, y estos aspectos están relacionados entre sí. No podemos olvidar que el proceso de implantación de sistemas participativos es en sí mismo un proceso de innovación educativa, con todo lo que ello conlleva. Es de vital importancia que tengamos en cuenta y hagamos ver a la sociedad el valor educativo de la participación. La participación es un proceso de aprendizaje, un medio de formación, no solo de gestión. La participación mejora la calidad de las decisiones y la satisfacción del alumnado y reduce la resistencia al cambio y al ausentismo. Una escuela de calidad tiene que incluir imprescindiblemente a la participación educativa como uno de sus pilares fundamentales. La participación del alumnado es un proceso en el que se promueven valores, se desarrollan actitudes, se regulan procedimientos y se aprenden estrategias y aptitudes.  Para que estos procesos tengan lugar, es necesario que se faciliten desde los espacios de Educación Media General. Una regularización de la participación no asegura que ésta se dé, pero es necesario encauzarla. Hay que tender a compatibilizar los procesos espontáneos con los que tiene un funcionamiento regulado.  


El movimiento estudiantil ha desempeñado un papel histórico y social de gran relevancia; en muchas ocasiones ha sido vanguardia de progreso y promotor de los derechos civiles. Lo ha sido en momentos de falta de democracia y de represión, pero también debe serlo en la actualidad, afrontando los nuevos retos que se nos presentan. Los procesos de globalización en todas sus vertientes requieren de la participación de la sociedad civil, y la educación no está exenta de estos procesos ni los y las jóvenes estudiantes pueden eludir su responsabilidad. Debemos entender que la participación es un elemento dinámica esencial en la vida democrática.  El concepto de participación ha de ir ligado a términos como el de poder, compromiso o implicación. Una participación bien entendida debe implicar tener poder de decisión real, y no meramente forma. Una gestión de la institución educativa, verdaderamente coparticipada por todos los actores educativos se traduciría a medio y largo plazo en una mayor implicación de padres y madres, personal docente, no docente y, cómo no, de los propios y las propias estudiantes. (Consejo Educativo, Resolución 058).
  

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